11-24
Junio 28, 1912
En el cielo que es el alma, el Sol es Jesús.
(1) Continuando mi habitual estado, mi bendito Jesús ha venido y me ha dicho:
(2) “Hija mía, el alma que hace mi Voluntad es cielo, pero cielo sin sol y sin estrellas, porque el Sol soy Yo y las estrellas que embellecen este cielo son mis mismas virtudes. ¡Qué bello es este cielo, de hacer enamorar a cualquiera que lo pueda conocer! Y mucho más quedo Yo enamorado, porque como Sol me pongo en el centro de este cielo y lo voy saeteando continuamente de nueva luz, de nuevo amor, de nuevas gracias. Bello este cielo al verse si resplandece el Sol, esto es cuando me manifiesto y acaricio al alma y la colmo de mis carismas, la abrazo, y tocado por su amor desfallezco y me reposo en ella, todos los santos vienen en torno a Mí mientras reposo y quedan sorprendidos al mirar este cielo donde Yo soy el Sol, y quedan extasiados por este portento prodigioso, que ni en la tierra ni en el Cielo se puede encontrar cosa más bella, más agradable para Mí y para todos. Bello este cielo si el Sol se esconde, esto es si la privo de Mí, ¡oh! Cómo se admira entonces la armonía de las estrellas, porque el aire de este cielo no está sujeto a nubes, a temporales, a tempestades, porque el Sol escondido está escondido en el centro del alma, y su calor es tan ardiente que destruye las nubes, temporales y tempestades. El aire de este cielo es siempre tranquilo, sereno, aromático, las estrellas que más resplandecen son paz perenne y amor sin término. Escondida, o ella en el Sol, y desaparecen las estrellas; o el Sol en ella, y entonces se ve la armonía de las estrellas. Bello en todos modos, este cielo es mi contento, mi reposo, mi amor, mi paraíso”.
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