11-118
Marzo 2, 1916
El alma que vive en la Divina Voluntad, conforme
va obrando el bien, hace salir de Dios ese bien.
(1) Continúo mis días amarguísimos, Jesús bendito viene muy poco, y si me lamento, o me responde con un sollozo, o bien me dice:
(2) “Hija mía, tú sabes que no vengo frecuentemente porque los castigos se van haciendo más severos, entonces, ¿por qué te lamentas?”
(3) Pero yo llegué a un punto en que no podía más y rompí en llanto, y Jesús para tranquilizarme y reforzarme ha venido, y casi toda la noche la pasé con Jesús; ahora me besaba, me acariciaba, me sostenía, ahora se arrojaba en mis brazos para tomar reposo, ahora me hacía ver el terror de las gentes, quién huía de un punto y quién de otro. Recuerdo que me dijo:
(4) “Hija mía, lo que Yo contengo en la potencia, el alma lo contiene en la voluntad, así que todo el bien que verdaderamente quiere hacer, Yo lo veo como si en realidad el alma lo hubiera hecho. Yo tengo Querer y Poder, si quiero puedo, en cambio el alma muchas cosas no las puede, y el querer suple al poder, y así se va asemejando a Mí, y Yo voy enriqueciendo al alma con todos aquellos méritos que contiene su buena voluntad y que quiere hacer su voluntad”.
(5) Luego agregó: “Hija mía, cuando el alma se da toda a Mí, Yo establezco en ella mi morada, muchas veces me place cerrar todo y estarme a oscuras, otras veces me place dormir, y al alma la pongo como centinela a fin de que no deje venir a nadie a molestarme e interrumpir mi sueño, y si es necesario debe afrontar ella las molestias y responder por Mí.
Otras veces me place abrir todo y hacer entrar los vientos, las frialdades de las criaturas, los dardos de las culpas que me mandan, y tantas otras cosas, y el alma debe estar contenta de todo, debe dejarme hacer lo que quiero, es más, debe hacer suyas mis cosas, y si no soy libre de hacer lo que quiero, sería un infeliz en ese corazón si debiera estar atento en hacerle sentir cuánto gozo, y ocultar, a pesar mío, cuánto sufro, así que, ¿dónde estaría mi libertad? ¡Ah! Todo está en mi Voluntad, y si el alma toma Ésta, toma toda la sustancia de mi Ser y me encierra a todo Yo en ella, y conforme va obrando el bien, teniendo en ella la sustancia de mi Vida, hace salir ese bien de Mí mismo, y saliendo de Mí, como rayo de luz corre para bien de todas las criaturas”.
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