11-28
Agosto 12, 1912
El Amor de Dios simbolizado por el sol.
(1) Esta mañana, en cuanto ha venido mí siempre amable Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Amor está simbolizado por el sol: El sol surge majestuoso, pero mientras parece que surge, él está siempre fijo y no surge nunca, con su luz invade toda la tierra, con su calor fecunda todas las plantas, no hay ojo que de él no goce, se podría decir que casi no hay bien que sobre la tierra se encuentre que no venga de su benéfico influjo, ¿cuántas cosas no tendrían vida sin él? No obstante, hace todo sin estrépito, sin decir ni siquiera una palabra, sin pretender nada, no da fastidio a ninguno, es más, no ocupa espacio alguno de la misma tierra que invade con su luz; el hombre puede hacer lo que quiera con ella, es más, mientras gozan del bien del sol no le ponen ninguna atención y lo tienen inobservado en medio de ellos.
✝✝✝
Así es mi Amor simbolizado por el sol: Como sol majestuoso surge en medio a todos, no hay mente que no esté iluminada con mi luz, no hay corazón que no sienta mi calor, no hay alma que no esté abrazada por mi Amor. Más que sol me estoy en medio a todos, pero, ¡ay!, cuán pocos me ponen atención, estoy casi inobservado en medio de ellos, no soy correspondido y continúo dando luz, calor, amor; pero si algún alma me pone atención, entonces Yo me vuelvo loco, pero sin estrépitos, porque mi Amor, siendo sólido, fijo, veraz, no está sujeto a debilidades.
✝✝✝
Así quisiera tu amor hacia Mí, y si así fuera vendrías a ser también sol para Mí y para todos, porque el verdadero amor tiene todas las cualidades del sol, en cambio el amor no sólido, no fijo, no veraz, es símbolo del fuego de acá abajo, sujeto a variedad, su luz no es capaz de iluminar a todos, y es una luz muy débil, mezclada con humo, su calor es limitado, y si no se alimenta con la leña se apaga y se vuelve cenizas, y si la leña es verde hace estrépito y humo.
✝✝✝
Así son las almas que no son todas para Mí, ni mis verdaderas amantes, si hacen un poco de bien es más el estrépito que hacen y más el humo que sale de sus acciones que la luz, y si no son alimentadas con algún afán humano, aun bajo aspecto de santidad, de conciencia, se apagan y se vuelven frías, más que cenizas, su característica es la inconstancia: Ahora fuego, ahora cenizas”.
11-29
Agosto 14, 1912
Con su vida oculta, Jesús santificó y divinizó todas las acciones humanas.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, para que el alma pueda olvidarse de sí misma, debe hacer de manera que todo lo que hace y que le es necesario, lo haga como si Yo lo quisiera hacer en ella: Si reza debe decir, es Jesús que quiere rezar, y yo rezo juntamente con ella; si debe trabajar, es Jesús que quiere trabajar, es Jesús que quiere caminar, es Jesús que quiere tomar alimento, que quiere dormir, que quiere levantarse, que quiere divertirse, y así de todo lo demás de la vida.
✝✝✝
Sólo así puede el alma olvidarse de sí misma, porque no sólo hará todo porque lo quiero Yo, sino que, porque lo quiero hacer Yo, me necesita propiamente a Mí”.
(3) Ahora, un día
estaba trabajando y pensaba: “¿Cómo puede ser que mientras yo trabajo es Jesús
que trabaja en mí, y que sea Él mismo quien quiere hacer este trabajo?”
✝✝✝
Y Jesús:
(4) “Precisamente Yo,
y mis dedos que están en los tuyos trabajan; hija mía, cuando Yo estuve en la
tierra, ¿mis manos no se abajaban a trabajar la madera, a martillar los clavos,
a ayudar en los trabajos de carpintería a mi padre putativo José? Y mientras
esto hacía, con esas mismas manos, con esos dedos, creaba las almas, a otras
las llamaba a la otra vida, divinizaba todas las acciones humanas, las
santificaba dando a cada una un mérito divino, en los movimientos de mis dedos
llamaba a reseña todos los movimientos de tus dedos y de los de todas las demás
criaturas, y si Yo veía que los harían por Mí o porque Yo los quería hacer en
ellas, Yo continuaba mi vida de Nazaret en ellas y me sentía como pagado por
parte de ellas por los sacrificios, las humillaciones de mi vida oculta,
dándoles a ellas el mérito de mí misma Vida. Hija, la vida oculta que hice en
Nazaret no es valorizada por los hombres, sin embargo no podía haberles hecho
más bien que con esa vida, después de la Pasión, porque abajándome Yo a todos
aquellos actos pequeños y bajos, a aquellos actos que los hombres hacen en su
vida diaria, como el comer, el dormir, el beber, el trabajar, el encender
fuego, el barrer, etc., actos todos que nadie puede dejar de hacer, Yo hacía
correr en sus manos una monedita divina y de precio incalculable. Así que, si
la Pasión los redimió, mi vida oculta cortejaba cada acción humana, aun la más indiferente,
con mérito divino y de precio infinito.
(5) Mira, mientras tú
trabajas, trabajando porque Yo quiero trabajar, mis dedos corren en los tuyos,
y mientras trabajo en ti, en el mismo instante con mis manos creadoras, ¿a
cuántos estoy sacando a la luz de este mundo? ¿A cuántos otros los llamo? ¿A
cuántos otros santificó, a otros corrijo, a otros castigos, etc.? Entonces, tú
estás también junto Conmigo creando, llamando, corrigiendo y demás, y así como
tú no estás sola obrando, tampoco lo estoy Yo en mi obrar. ¿Te podría dar honor
más grande?”
(6) Pero ¿quién puede
decir lo que comprendía, el bien que se puede hacer tanto a nosotros como a
todos los demás haciendo las cosas porque Jesús las quiere hacer en nosotros?
Mi mente se pierde y por eso pongo punto.
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